No todas las situaciones necesitan una persona las veinticuatro horas. En muchas familias es suficiente con cubrir franjas concretas: el levantar y el aseo, la hora de la comida, la tarde o el momento de acostarse.
La ver más atención por franjas encaja precisamente ahí, y tiene una ventaja evidente: se paga solo por lo que se necesita y se adapta según cambian las circunstancias.
Lo que conviene cuidar es que no cambie la persona. Para quien recibe la atención, que cada semana venga alguien distinto desorienta y genera resistencia. Contar con una cuidadora fija es lo que realmente marca la diferencia.
Algo que ayuda mucho: empezar antes de que sea imprescindible. Incorporar la ayuda poco a poco, empezando con franjas cortas, hace que el mayor lo acepte con naturalidad.